
Cúpula y pechinas de la Basílica de San Marcos, Venecia
(vía Flickr de Edgar González)
Las pechinas de la Basílica de San Marcos en Venecia (arriba en la foto) son verdaderas obras de arte. Cuando uno ve semejante despliegue visual ante sus ojos es fácil pensar que las pechinas se diseñaron exclusivamente para soportar las obras pictóricas. Pero nada más lejos de la realidad, las pechinas son la consecuencia estructural inevitable de construir una cúpula apoyada sobre arcos (pinchar aquí para ver la explicación en forma de diagrama). En otras palabras, los pintores góticos se sirvieron de una estructura cuya función era meramente estructural, y la reutilizaron con fines artísticos.
Con este fantástico ejemplo, el paleontólogo Stephen Jay Gould en una de sus más famosas conferencias en la Royal Society of London introdujo las exaptaciones en el vocabulario evolutivo, elementos que surgen originalmente en un contexto pero que posteriormente se subvierten para encajar en otro [1]. En biología, la exaptación que más se suele citar son las plumas. En un principio estas estructuras surgieron en un grupo de dinosaurios como órganos de regulación de la temperatura (lo que se ha denominado protoplumas), sin embargo con el paso del tiempo se reutilizaron para realizar otras funciones, la más conocida la del vuelo en las aves modernas. Como muy bien explica Steven Johnson en su libro Las buenas ideas, “una pluma que estaba adaptada para la regulación térmica se convierte en una pluma exaptada para volar” [2].
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